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El
P. Querbes elige a san Viator como patrón y modelo de los
Viatores.
En 1830, el Padre Luis Querbes, sacerdote
de la diócesis de Lyon, estableció una sociedad de catequistas,
que colocó bajo el patronazgo de san Viator. Luis Querbes,
nacido en 1793, el mismo año en que la iglesia de san Justo fue
profanada, fue educado en la iglesia de San Nicecio, la iglesia
construida en el emplazamiento de la antigua iglesia de los
Santos Apóstoles, catedral de cuya sede fue obispo san Justo, y
san Viator, lector. Después de frecuentar la escuela parroquial
de San Nicecio, el joven Querbes ingresó en el seminario. Tras
su ordenación en 1817, volvió a su parroquia madre, donde sirvió
como coadjutor y profesor de la escuela. En 1822 fue nombrado
párroco de Vourles, pueblo próximo a la capital Lyon. Aquí es
donde se estableció la asociación, que en 1838 se convirtió en
Congregación de los Clérigos Parroquiales o Catequistas de San
Viator.
El esbozo biográfico de san Viator es un
esfuerzo inicial para presentar los hechos básicos de la vida de
este santo del siglo IV, examinándolos con rigor histórico. Se
ha hecho un esfuerzo consciente para excluir de la biografía
todo aquello que no esté garantizado desde el punto de vista
histórico, incluso aquellos aspectos de su vida que se apoyan
solamente en una tradición piadosa, por muy verídicos que
parezcan. La información ambiental, así como las conjeturas
razonables, figuran en notas aparte.
Aunque se cree generalmente que san Viator
era un joven cuando participó en acontecimientos que han entrado
a formar parte del acervo histórico, este relato no asegura nada
acerca de su edad, ya que ni siquiera conocemos la fecha
aproximada de su nacimiento. Bien podía tratarse de un joven
cuando abandonó Lyon para retirarse al desierto de Escete, pero
no es menos probable que fuera un adulto de edad indeterminada.
A primera vista podemos tener la impresión
de que no conocemos casi nada acerca de san Viator. Sin embargo,
reflexionando un poco, y a pesar de que hayan transcurridos 1600
años, observamos que tenemos una cantidad nada despreciable de
datos acerca de una persona cuya vida fue normal y corriente en
todo. excepto en santidad. Este ligero esbozo destaca solamente
los rasgos que el hombre dejó en la historia. La meditación y la
reflexión sobre la fidelidad, el servicio, el sacrificio y la
oración, elementos indispensables para ,vivir con su
interioridad la condición de seguidor de Cristo, tanto en el
siglo IV como en siglo XX darán cuerpo a este ligero retrato y
nos ayudarán a comprender y apreciar el valor de su vida.
San Viator fue lector de la Iglesia de Lyon
y discípulo y compañero del obispo Justo. Vivió a finales del
siglo IV y murió hacia el año 390. Es imposible establecer la
fecha de su nacimiento.
Viator, lector de la Iglesia de Lyon.
Lo poco que se conoce de la vida de san
Viator está íntimamente ligado a la vida de su Obispo, quien
nació en Vivarais y llegó a ser diácono de la Iglesia de Viena
del DeIfinado. Poco después del 343, Justo fue elegido para
suceder al Obispo Verissimus como obispo de Lyon. Un biógrafo
contemporáneo nos lo presenta como un hombre apacible y
bondadoso. Dos cartas dirigidas a él por San Ambrosio sugieren
que era un hombre respetado por su ciencia. En 374 el obispo
Justo asistió a un concilio regional en Valence. En 381 acudió
al concilio de Aquilea como uno de los dos representantes de los
obispos de las Galias.
Poco después de su regreso del concilio de
Aquilea, el obispo Justo confió a Viator su intención de
abandonar la sede de Lyon con el fin de entregarse a la vida
ascética en el desierto de Escete en Egipto. Parece que esta
decisión fue motivada por diversos factores: su carácter, ya que
era un hombre bondadoso, estudioso y contemplativo; su edad, ya
que había sido obispo durante muchos años y según parece pasaba
de los sesenta; y por un nefasto suceso que había ocurrido en
Lyon poco tiempo antes.
Un loco irrumpió en la plaza del mercado de
la ciudad, blandiendo una espada e hiriendo y matando a varios
ciudadanos. A continuación se refugió en la catedral y reclamó
el derecho de asilo del santuario. Una muchedumbre alborotada se
congregó en tomo a la iglesia, ubicada entonces en el actual
emplazamiento de la iglesia de San Nicecio. Intervino el obispo
Justo. Mantuvo a raya al populacho, pero al fin, cediendo a la
presión de su violencia, accedió a entregar al hombre en manos
de los magistrados para que fuera sometido a juicio legal. Una
vez hecho esto, el populacho lo arrebató de manos de los
guardias y lo mató en el mismo sitio. El obispo se imaginó que
no había tomado las medidas oportunas para proteger al asesino
y, por tanto, se consideraba mancillado con la sangre del
desgraciado, e indigno de continuar al frente de la comunidad
cristiana en la celebración de los misterios pascuales, y en
consecuencia debía entregarse a la vida de penitencia por el
resto de sus días.
Viator acompaña a su obispo al desierto.
Según parece, antes de finalizar el año
381, el obispo Justo salió secretamente de Lyon para Marsella,
donde embarcaría para Alejandría en Egipto. Viator, conocedor de
sus intenciones, decidió seguir a su obispo y maestro. Se
incorporó a su obispo en Marsella y juntos embarcaron para
Egipto.
Una vez en Egipto, pidieron el ingreso en
la comunidad de monjes en el desierto de Escete, a unos 60 u 80
km. al sur de Alejandría, al otro lado de las montañas de Nitria,
en el desierto libio. Por aquel tiempo, el superior o abad de
esta comunidad era San Macario de Egipto (o el Mayor † 390),
discípulo de uno de los fundadores del monaquismo en Egipto, San
Antonio († 356). Macario tenía gran reputación por su elevada
santidad y austero ascetismo. La mayoría de los monjes vivían en
celdas, unas excavadas en la tierra, otras construidas de
piedras, fuera del alcance de la vista unas de otras. Se reunían
solamente los sábados y domingos para la celebración litúrgica.
Se sustentaban del trabajo de sus manos, conformándose con una
comida escasa y pobre. El ayuno, la oración, el silencio y las
vigilias nocturnas caracterizaban sus vidas.
Parece que el obispo Justo y su lector
Viator no revelaron su identidad a la comunidad a la que se
incorporaron en Egipto. Sin embargo, por causa del azar, algunos
años después de su llegada, un peregrino de Lyon los reconoció y
los instó a regresar con él. Según parece, a su vuelta a Lyon,
el peregrino dio cuenta de ello a la Iglesia local, ya que poco
después, un sacerdote de Lyon, Antioco, que más tarde seria
obispo de Lyon, fue enviado con el propósito de persuadir a los
dos varones para que regresaran a Lyon. Sus esfuerzos
fracasaron.
Según la tradición, el obispo Justo
falleció poco después de la visita de Antioco, probablemente
hacia el año 390, y san Viator murió al poco tiempo. La causa de
estas muertes es desconocida. Quizás en el caso del obispo
Justo, fue debido simplemente a su avanzada edad. La muerte de
san Viator sobrevino poco después. Tal vez no pudo resistir el
dolor por la ausencia de su obispo y amigo, los rigores de la
vida del desierto, o pudo ser víctima de alguna de esas
enfermedades, que periódicamente alcanzaban proporciones
epidémicas en las comunidades monásticas. Una de estas epidemias
acabó prácticamente con la comunidad monástica de Pacomio en 349
en la Tebaida.
Tan pronto como llegó a Lyon la noticia de
su muerte, se hicieron las diligencias oportunas para traer los
cuerpos de los dos santos varones a Lyon. Entonces la vida
monástica era venerada como una forma de martirio, y los restos
mortales de los santos monjes eran venerados tanto como los de
los mártires.
Los restos mortales de Justo y Viator
fueron traídos a Lyon poco antes de terminar el siglo,
probablemente en el 399. Según una tradición bien fundada. los
cuerpos de los santos llegaron a la ciudad el 4 de agosto.
Fueron colocados en la catedral, o quizás en la nueva iglesia de
los Macabeos, fuera de los muros de la ciudad. El 2 de
septiembre fueron trasladados solemnemente a la iglesia de los
Macabeos, a cuyo título se añadió pronto el nombre de San Justo.
El
culto a san Justo y a san Viator
El culto a Justo y a su lector Viator se
antepuso pronto al de sus más famosos predecesores, san Patino,
obispo y mártir, fundador de la Iglesia de Lyon, y san Ireneo,
doctor de la Iglesia y mártir, segundo obispo de Lyon.
Hacia el siglo V se celebraban las vidas de
estos dos varones en cuatro días distintos. El 4 de agosto
marcaba la llegada de las reliquias a Lyon. El 2 de septiembre,
la celebración del traslado de las reliquias a la iglesia de los
Macabeos. El 14 de octubre marcaba la salida de los dos santos
para Egipto, y el 21 de octubre era una fiesta particular de san
Viator. Varios martirologios mencionan una quinta fiesta,
probablemente en diciembre, para conmemorar la muerte de san
Justo.
El 29 de agosto de 1287, Guillermo de
Valence, a petición del obispo electo de Lyon y del capítulo de
la iglesia de los Macabeos y san Justo, autorizó y presidió como
testigo una verificación oficial de las reliquias en la cripta
de la iglesia.
El arzobispo delegó a ocho teólogos, cuatro
dominicos y cuatro franciscanos, para verificar las reliquias.
Los cuerpos de san Justo y de san Viator fueron hallados en la
misma tumba. La tumba contenía también documentos acreditativos
de la vida y santidad de san Viator. Desgraciadamente, estos
documentos desaparecieron más tarde. El 2 de septiembre de 1287,
las reliquias de cada uno de estos santos fueron depositadas en
urnas separadas, ricamente adornadas y colocadas en la nueva
cripta.
En 1562, los calvinistas atacaron la ciudad
de Lyon. Destruyeron la iglesia de San Justo, pero algunas de
las reliquias de san Justo y san Viator fueron salvadas por el
deán del capítulo de canónigos de la iglesia, Francisco Pupier.
Fueron trasladadas a la nueva iglesia de San Justo, construida
rápidamente, dentro del recinto de las murallas en 1564. En
1793, durante la Revolución francesa, la iglesia de San Justo
fue nuevamente desacralizada, pero una vez más, las reliquias
fueron salvadas. Esta vez, gracias al sacristán.
John Linnan, c.s.v.
FUENTES: Acta
Sanctorum (Bolandistas),
Octubre,, t. IX; Dictionnalre
d'Archéologle Chrétienne et de Liturgie, t.
X, cc. 1-402, y en
otros lugares; t.
11; PaIanque, J.R. y al., The
Church in the Christian
Roman Empire, 2
vols. (1949); Thurston Y Attwater eds. Butler`s
Lives of the Saints, 4 vols. (11956); Farley,
P.E., Saint Viateur (1937). |